1 Pedro 1:8-9 dice:
“A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.”
Este pasaje nos recuerda que la fe auténtica no depende de lo que se ve, sino de lo que se cree con el corazón. Aunque no hayamos visto físicamente a Jesús, lo amamos, confiamos en Él y eso produce un gozo profundo, inexplicable y glorioso.
Nuestra fe tiene un propósito eterno: la salvación. Y ese gozo que sentimos hoy es una muestra del premio que nos espera. Sigue creyendo, sigue amando, y deja que esa esperanza llene tu corazón cada día.

